
Cierras la puerta, bajas las escaleras y, desde el otro lado, oyes llorar a tu perro. Quizá los vecinos se quejan, quizá vuelves y te encuentras la puerta arañada o un charco. Si te pasa, no es que tu perro sea "malo" ni que se esté vengando: lo más probable es que lo esté pasando fatal. Te contamos qué señales pueden indicar ansiedad por separación y qué puedes hacer.
Qué es la ansiedad por separación
Es un estado de angustia que aparece cuando el perro se queda solo o se separa de las personas a las que está muy unido. No es aburrimiento ni una travesura, y tampoco una cuestión de "dominancia": es un malestar real, y como tal hay que tratarlo. Castigarlo no ayuda, porque lo que siente es miedo o pánico, no mala intención.
Señales a las que prestar atención
- Llanto, aullidos o ladridos continuos desde que sales.
- Arañar o morder puertas, marcos o ventanas, a veces hasta hacerse daño.
- Orinar o defecar en casa solo cuando está solo, aunque ya sepa hacer sus necesidades fuera.
- Jadeo, salivación, temblores o inquietud, y no comer ni los premios que más le gustan cuando no estás.
- Seguirte de una habitación a otra y ponerse nervioso cuando coges las llaves o te pones los zapatos.
- Una bienvenida muy desbordada al volver.
No todo esto significa ansiedad por separación: un cachorro que todavía aprende a estar solo, un perro con poco ejercicio o que se aburre, o un problema de salud (incontinencia, dolor o, en perros mayores, cambios cognitivos) pueden dar signos parecidos. Una buena pista es observar cuándo ocurre: si solo ocurre cuando estás fuera, puede tratarse de un problema de separación. Graba con el móvil o una cámara unos minutos de la ausencia; verás cuándo empieza el malestar y qué hace tu perro, y eso ayudará mucho a quien te asesore.
Un caso real: Tyson y Xipri
Tyson, sordo de nacimiento, y su hermano Xipri lloran durante horas y arañan la puerta cuando la familia se va. La primera sesión fue una toma de contacto para valorar la situación. Cada caso tiene sus particularidades: en un perro sordo, por ejemplo, la comunicación se apoya más en lo visual y en las rutinas, y por eso conviene adaptarse a él. También nos recuerda algo que no siempre se piensa: que haya otro perro en casa no siempre basta, porque a menudo lo que echan de menos son sus personas.
Qué puedes hacer en casa
Empieza por el veterinario. Descarta causas médicas, sobre todo si el comportamiento es nuevo o ha cambiado de repente.
No lo castigues ni lo regañes al volver. Si encuentras destrozos, límpialos sin dramas. Al perro no le sirve de nada: no relaciona el enfado con lo que hizo hace horas.
Ejercicio y olfato antes de salir. Un paseo tranquilo, con tiempo para olfatear, y un rato de descanso antes de que te vayas. No se trata de agotarlo, sino de que llegue a ese momento en calma.
Ausencias muy cortas y graduales. Es la base del trabajo. Empieza con ausencias tan breves que tu perro no llegue a angustiarse, aunque sean unos segundos, y alárgalas poco a poco. Si ves que sufre, has ido demasiado rápido: vuelve atrás. Cada perro tiene su umbral y no hay plazos.
Salidas y llegadas sin dramas. Evita las despedidas largas y los reencuentros efusivos: sal con normalidad, y cuando vuelvas, saluda cuando se haya calmado.
Algo que hacer mientras no estás. Un juguete relleno, una alfombra de olfato o un masticable pueden ayudar, pero ojo: si no come nada cuando te vas, es una pista de que su nivel de ansiedad es alto, y habrá que empezar con ausencias aún más cortas.
Evita dejarlo solo muchas horas mientras trabajas el problema. Cada ausencia larga en la que lo pasa mal le hace sufrir y puede dificultar el progreso. Si puedes apoyarte en familia, amigos o vecinos, o en un paseador o una guardería de día, mejor: ayuda a que no pase horas angustiado mientras trabajáis, aunque por sí sola no resuelve la ansiedad.
Qué conviene evitar
No lo dejes llorar "hasta que se canse": en lugar de acostumbrarse, puede empeorar. No uses collares antiladrido ni de descarga: aumentan el malestar. Y no lo encierres en un transportín o una habitación si no lo ha aprendido a ver como un refugio, porque puede agobiarlo más.
Cuándo pedir ayuda profesional
Si el problema dura más de unos días, si tu perro se hace daño al intentar salir o si lo pasa muy mal, no esperes: consulta con tu veterinario y con un educador que trabaje en positivo. En casos intensos, un veterinario especializado en comportamiento (etólogo clínico) puede valorar el caso completo, incluyendo si conviene apoyar el trabajo con otras medidas. Nunca des medicación por tu cuenta.
Y si estás pensando en dejarlo en una residencia o una guardería, ayuda mucho haberlo trabajado antes: aquí tienes cómo preparar a tu perro para su primera noche fuera. Si tienes un cachorro, empieza desde el principio con las primeras semanas de educación.
¿Te ayudamos?
Trabajamos con perros que lo pasan mal cuando se quedan solos y sabemos lo duro que es para ellos y para ti. Echa un vistazo a nuestras clases de educación canina y a cómo trabajamos en educación canina, o cuéntanos tu caso desde contacto. Si necesitas que alguien cuide de tu peludo mientras trabajáis el problema, mira la guardería de día o reserva aquí.
